La bella Easo, parte segunda: La bella Easo (cuaderno de bitácora)

Son las 8 cuando antes de salir arranco el pc para mirar algo esencial: ¿y dónde coño saco las entradas en Donosti? Un par de direcciones mal anotadas, un par de frases calamarianas a una amiga (o algo así, hace años que no la veo, ya he desistido), y a la calle.
Es la hora convenida, y empezamos a aporrear, sin éxito, la puerta de josechu. Ya le vale. Se ha pillado una toña tan considerable que ha dejado el coche aparcado literalmente enmedio de la calle, y ahora está seco perdido en su piso. Lo dejamos por imposible, recogemos los restos de rafa y nos vamos camino Soria, digo Donosti.
El viaje transcurre sin más incidencia que un par de avistamientos en un área de servicio. Un hombre que ha cogido la manta de perro (verde) y se ha hecho una americana con ello (con elegantes coderas de cuero). Y otro hombre, con una chaqueta de cuero (el mismo de las coderas), y una elegantísima corbata azul.
Llegamos a San Sebastián, inmersos en una lluvia que ya no nos abandonaría más. Qué bonita es Donosti. Entiendo por que es considerada la ciudad más bonita de España. Aparcamos a tomar por culo del mundo entero, eso sí, después de recoger las entradas del concierto. Empezamos a pasear por la Concha (Gaby que te pierdes), y llegamos a la parte vieja. Comemos en una taberna muy acogedora, hacemos nuevas amistades, acabamos con un tintorro y volvemos a pasear por la concha, no sin pedirles "un tornavís" a cuantas vascas encontramos.
Josechu ya se ha despertado hace rato y está de viaje hacia Donosti, con algo de retraso. Nos afincamos en el café de la Concha (Gaby... que de verdad se llama así), y entablamos amistad con el barman, un pelao muy majete. Nos indica por dónde salir de fiestuki por la noche, y en esas que llega josechu. Acabamos el café, damos otro paseo y nos internamos en un bar irlandes. Nos hacemos amigos de la camarera, Nuria (Manda cojones, una vasca con nombre catalán), mientras escudriñamos las entrañas de las tiernas vasquitas que vemos por el bar. (si es que....).
Llega otra chica a nuestros feudos, se llama Edurne (menos mal), y luego nos damos cuenta que es otra de las camareras. En medio del desconcierto nos vemos rodeados por una banda de piratas femeninas. Más amistades, oiga que simpáticas son estas vascas!! Una de ellas se llama Montserrat. Tócate la pera.
El entorno es conmovedor, pero se acerca la hora del concierto, y rafa y yo tenemos que irnos. Nos vamos hacia el coche de javi, que está aparcado varios kilómetros más allá. Rafa estrena el alcoholímetro que me regaló juan (rojo intenso), yo no doy nada y nos ponemos manos al volante. No muy afortunadamente, pues me meto en contradirección en dos ocasiones. Que complicados son estos vascos.
Llegamos al concierto, y hacemos nuevos amigos, entre ellos el Fito y el Mikel. Hay gente de toda España, es un concierto inolvidable, que grande eres Andrés!.
Salimos del concierto, y nos reunimos con josechu y javi, esperando que no hayan estropeado demasiado la relación con las bucaneras. Esperamos demasiado, ya se han esfumado. Rehacemos la noche y seguimos la fiesta en el barrio viejo, luego vamos a la zona warner (otra vez en anoeta), y dormimos en los coches, bajo el calabobos que no deja de caer en toda la noche.
Son las 8,30 y es hora de despertar a golpes a rafa y javi. Vamos a desayunar, tenemos la intencíon de hacer unos churros por Donosti, pero una maratón que hacen y el inmenso cansancio que llevamos nos invitan a volver a casa.
Paramos en Andoain y nos metemos en un bar del pueblo, y es la primera vez en los dos dias que llevamos en Euskadi que oigo hablar Euskera. Unos bocadillazos de la muerte, y ya estamos listos para hacer el Donosti-Lleida en un tiempo récord.
Adiós Donosti, nos lo hemos pasado de muerte, hay que volver, con más calor y con más tiempo. Incluso con alojamiento. Qué tierra más bella, que simpáticas las mujeres (igual que aquí, vamos... -irónico- ), y que bien se come.
Espero volver pronto, de momento escribo esto sentado en mi sofá, con mi mantita en la espalda... rebentado por un fin de semana inolvidable.
Agur!

